
La soledad
no es una ausencia duradera
no es una elección definitiva,
no es un capricho continuo…
es un monasterio
donde el silencio
rige el tiempo,
donde el alma
se habla a sí misma
en susurros certeros,
donde el corazón
aprende a verse como es
y hacerte sentir como eres.
Es un cenobio
donde los ruidos del mundo
se callan, y escuchan,
donde las prisas
se ahogan en la espera,
donde las voces internas
hablan con mesura,
escuchan con claridad
el sentir
de la verdad
de tu sino,
la realidad
de tu rumbo.